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Del buen gobierno de las cosas

“μέτρον ἄριστον” (en la moderación esta lo mejor). El adagio clásico sirve igual para un roto que para un descosido. Aplicable a cualquier aspecto de la vida, en él se encierra la guía de nuestras acciones: encontrar el término medio.

Tolerancia y moderación adornan al ser humano, como dirían los maestros, y cuando el fiel de la balanza no encuentra estabilidad entre ilusión y razón, los mejores proyectos dan al traste.

Ermita en Casas de Reina, en el Camino Jacobeo de la Frontera

En el mundo jacobeo, como en la sociedad en general, es fácil encontrar ambos extremos, y gente que fluctúa de un extremo a otro: peregrinos “new age” para los que todo es de color; caminantes que se han escorado a lo “políticamente correcto” (que, casi siempre, va en detrimento del Camino…)y desechan cualquier actitud crítica; aquellos que han perdido la ilusión, sin darse apenas cuenta, y vagan por cómodos senderos con alergia a las botas sucias, o quien se enfrenta a los derroteros (camino de las rocas, muchas veces…) de la sirga jacobea en armado solo de guitarra y chanclas. Está el caminante que solo ha surcado los libros de la tradición santiaguista sin saber sentido en el alma las “lágrimas del Obradoiro”, y el que atraviesa kilómetros, mochila a la espalda, sin saber que recorre: ambos pasan con orejeras por la universalidad de la herencia compostelana.

Repito que no es nada nuevo en la evolución de los fenómenos socio-culturales, pero encontrar el añorado equilibrio, con mayor o menor acierto (humanos somos…) las más veces es cuestión de avanzar hacia adelante sin olvidar lo que hemos andado y nos ha enriquecido en saber y comprender.

Vista del antiguo recinto fortificado de Braganza (Portugal), en la variante portuguesa del Camino Mozárabe de Santiago – Vía de la Plata

El dirigente jacobeo debe estar en el Camino y en los despachos; si olvida cualquiera de los dos ámbitos, se aleja sin remisión de la realidad peregrina. Aporta tanto una reunión con la Administración Pública, donde siempre se puede ver la luz a un problema (no todos son demonios con rabo…aunque haya que buscarlos con una linterna a plena luz del día), como la visita a un pequeño pueblo de un camino incipiente y/u olvidado que te sorprende con su acogida o su tradición ignorada por el común.

Es la obligación de quienes dirigen asociaciones y federaciones y tienen en sus manos el futuro de estas instituciones y la ilusión de los peregrinos comprometidos, que aun los hay.  

Como un apache al borde del Camino

El Año Santo 2021 se acerca como el “caballo de hierro” por la pradera: imparable, rompiendo con su ruido (o fanfarria, según quien lo escuche…), extraño, o cuanto menos envuelto en múltiples incertidumbres. Invento escondido bajo la carcasa de un jubileo medieval que era gloria para el peregrino, pero que, desde los años 90, parece que tiene la obligación de venir cargado de novedades que, las más veces, poco aportan a lo ya celebrado desde hace ochocientos y pico de años.

Cada año que salgo al Camino, o simplemente cada vez que contrasto opiniones en los foros jacobeos, me veo más como un “apache”, ajeno a la dinámica de los nuevos tiempos, que no comprende muchas actuaciones de unos y de otros y que teme finalmente no encajar en esta nueva civilización “(post)jacobea”.

La maquinaria administrativa pública (civil en la mayoría de los casos, pero también, para mayor escarnio, en muchos también la eclesiástica) afina los eslóganes publicitarios y las actuaciones que puedan salir en la foto, siempre “salvaguardando el Camino y mejorándolo…”…y en ocasiones salen en fotos que no quieren (vean https://twitter.com/camaro_ro/status/1222480935393906688), pero sin miedo siguen adelante.

Todo, en las hábiles manos adecuadas, es susceptible de dejar rédito económico, y el Camino hace tiempo que se ve como “factor de productividad”, lo cual no estaría mal si para ello no se sacrificara tan alegremente su historia, tradición y alma.

No somos malos contra buenos, el mundo esta lleno de gama de grises y en el propio mundo jacobeo, por activa o por pasiva, se contribuye a esta situación de manera más o menos consciente. Los principales valedores y depositarios del legado jacobeo, las Asociaciones, adolecen, como leí a una buena peregrina, de los mismos males que la España deshabitada: de envejecimiento y despoblamiento.

Con los miles de peregrinos que andan las sagradas sirgas anualmente, apenas un puñado se comprometen con el sentir jacobeo más allá vestir sus botas de “quechuagrinos” (dicho esto con todo cariño hacia Decathlon, que nos equipa a todos en mayor o menor medida) y contar su aventura en reuniones de amigos…y el Camino es mucho más que un recorrido andariego: quien no es consciente de ello ha pasado por él sin pena ni gloria. El compromiso con la causa es cada vez menos joven, y los que quedan nos estrujamos la cocorota por saber el “quid”.

Por otro lado ese exceso de tiempo al pie del cañón (creo que factor más influyente que el hecho de la edad elevada…) de los peregrinos que conforman las asociaciones, deviene peligrosamente en la conversión de sus entidades en meros clubs sociales, carentes de beligerancia con los desmanes que azotan al Camino, más que nada por no molestar ni molestarse…salvo honrosas excepciones.

Sin embargo aquí seguimos, porque siguen existiendo peregrinos y gente comprometida, locos enamorados de eso tan intangible a veces como es “lo jacobeo”…y mientras ellos existan habrá esperanza, pero hagamos examen de conciencia y resucitemos ese pellizco que sentimos la primera vez que pisamos el Obradoiro con las botas sucias, u oramos ante la Tumba del Santo con lágrimas en los ojos, quizás cuando vuelva esa luz al alma, su reflejo hará se nutran las filas para seguir luchando por algo tan hermoso como el Camino de Santiago.

Misericordia jacobea

Corría el Año de la Misericordia.

Mientras esperaba en el hall del Hotel, la noche que caía, envuelta en el templado y húmedo ábrego, presagiaba un cambio de tiempo que traía olor a tierra mojada y a la ansiada lluvia. Lo que hubiera dado Michel por aquel prometedor aguacero que se cernía sobre Sevilla apenas un par de meses atrás…la vida misma.

Mientras esperaba a los compañeros que traían desde el aeropuerto a aquella familia de tierras valonas, recordó lo vivido desde aquella tarde plomiza de Septiembre. “La Plata la hizo Santiago para probar al peregrino”, le gustaba pensar, pero aquel año el sempiterno calor sureño alcanzó un punto de no retorno en los termómetros: hacía muchos días que las noches no refrescaban y un calor, como de caldera de viejo barco, convertía el aire casi en mantequilla.

Andar bajo ese sol es temerario, pero el peregrino contadas veces da un paso atrás. Una extraña fuerza se lo impide, la misma que, desde siglos, le guía siempre  hacia el Oeste, hacia la soñada Compostela…y hay un precio a pagar por ello.

Michel era experto, bragado jacobípeta en muchos caminos, templado por el viento y la lluvia de su Bélgica natal, pero ajeno seguramente a las temperaturas que la Sierra Norte y la campiña sevillana podían alcanzar.

El teléfono sonó aquella tarde como una trompeta apocalíptica despertándole en la sombra fresca de una casa cerrada, a cal y canto, como única defensa del mortífero solano:

  • Acaban de avisarnos…ha muerto un peregrino.
  • ¿Dónde?
  • En la subida al Calvario…

…Y el tiempo se paró…tantos recuerdos en ese lugar…

El desconcierto inicial generó prensa “amarilla” a raudales: que si iba solo, que si se la jugó a horas intempestivas, que era germano…

Contactos rápidos y operativos con esos “olivillas” del benemérito cuerpo que guardan nuestros Caminos aclararon circunstancias y sonó un nombre…Michel.  La Asociación de Sevilla se puso manos a la obra y ofreció al consulado belga lo poco o mucho que tenía…su hospitalidad para con la familia.

Fue todo tan rápido que en apenas unas horas la burocracia, en esta ocasión efectiva,  se había puesto en marcha repatriando el cuerpo del caminante sin haber podido hacer nada más por él ni por los suyos.

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La tradición obliga…el caminante lo lleva en la sangre…el Santo Peregrino debía ser recordado, como mandan los cánones jacobeos…enterrar a los difuntos. Los compañeros fueron unánimes y la Asociación de Sevilla acordó perpetuar su recuerdo en el lugar donde cayó; sin embargo, los intentos de contactar con la familia resultaban infructuosos.

Pero el Santo, poco acostumbrado a estos gestos que se van perdiendo entre el inconsciente colectivo de muchos “andarines” que llegan a Compostela sin haber sido peregrinos siquiera un instante, no podía dejar a uno de sus elegidos así: a punto de desechar el homenaje, les comunicaban que la familia llegaba a Sevilla para asistir en la fecha señalada…adelante, más allá.

Y aquí se encontraba, aguardando, impaciente y tenso por las posibles dificultades con el idioma, y por la incógnita sobre el estado de ánimo de la familia estando tan reciente la pérdida.

Llegaron en silencio: su hermano Jacques, su hijo Benjamín y la pareja de este último, Virginie, y, pasadas las presentaciones, Benjamín fue directamente a la herida, preguntando en un francés cerrado: ¿Cómo murió mi padre?

Le relató lo hechos; como el Santo le puso como compañera casual a una peregrina belga que lo asistió en el terrible momento, que fue rápido y fulminante, y como llegaron a él los equipos forestales. Y, de repente, Benjamín rompió a llorar…era la primera vez que oía como había ocurrido todo.

Sabiéndolos bien atendidos por el siempre hospitalario personal del hotel(…dar posada al peregrino), se retiraron a descansar todos, cuando la lluvia comenzaba a brillar sobre los adoquines de las calles. El día siguiente sería duro… y no solo por el trayecto a recorrer.

La noche fue tormentosa y amenazaba con complicar el día en el que, a petición de los familiares, un grupo de peregrinos que los acompañaban y ellos mismos harían la última etapa de Michel. Al encuentro, en el lugar donde un pequeño monolito lo recordaría, llegarían otros más caminantes, autoridades y el Padre Luis que bendijera el lugar.

Inesperadamente la mañana se tornó casi primaveral y apacible, con un sol amigo que se agradecía. Mientras subía el Calvario por la vertiente del pueblo, meditaba sobre el contraste entre la luminosidad del día, que pintaba de colores la Sierra como en un cuadro impresionista, y lo triste de lo sucedido, y pensó que la muerte de un peregrino en el Camino nunca podría ser oscura y lúgubre, más cuando sucede a pleno día y en una situación intensa de vivencias, como el peregrino gusta y solo él comprende, duras muchas veces, pero siendo su deseo de caminante estar allí y vivir ese momento, libremente elegido…porque el Camino es libertad o no es nada…y el hilo entre el disfrute y el sufrimiento, entre la vida y la muerte, delgado y difuso.

Arribando al lugar, varias docenas de peregrinos aguardaban ya la llegada del grupo que avanzaba desde Castilblanco. La sencilla estela, aun tapada, recordaría su nombre y su gesta jacobea para siempre. Y llegó la familia y el resto de compañeros; hincando la rodilla en tierra, Jacques descubrió el pequeño monolito y, con serenidad increíble, permaneció orando unos segundos. Comprendió, con los allí presentes, que se cerraba el círculo del duelo, que era la despedida negada por aquella tarde inmisericorde de Septiembre…y no hizo falta más. Michel acometió aquella última cuesta hacia el albergue eterno bajo la luz brillante.

Corría el Año de la Misericordia.

IN MEMORIAM de Michel Laurent, fallecido el 4 de septiembre de 2016 en el Camino a Compostela

Michel Laurent

Que veinticinco años son…

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Con la distancia todo se ve de otra forma, no sé si más claro o no, pero el tiempo, inexorable tamiz, siempre ayuda a digerir e interpretar todo con más mesura. El año pasado la Asociación de Amigos del Camino de Santiago de Sevilla cumplió veinticinco años de andadura, que se dice pronto.

En la historia jacobea este lapso puede no parecer especialmente consistente, pero en el periodo moderno del fenómeno de las peregrinaciones, que arranca allá por los años 60 del pasado siglo, es un tramo de años suficientemente extenso para significar ya un peso en la historia.

Mucho lo trabajado y logrado, y mucho lo evolucionado desde aquella Nochebuena de 1992 hasta hoy. Nos precedieron auténticos aventureros enamorados de una idea “peregrina” que el tiempo, el polvo de las sendas y el sudor de sus frentes, convirtió en una realidad consolidada a día de hoy.

José Luis Salvador, Ángel de la Asunción, M. Jesús Vega, Rafael Reca…a casi todos he tenido la suerte de conocer y aprender de sus enseñanzas… o más bien de su espíritu…pues, como aprendemos desde que ponemos las botas en la sirga compostelana, es el corazón y no los músculos lo que te lleva a Santiago, en cuerpo y alma.

Todos ellos, y muchos más, rondaban mi cabeza mientras realizaba la ofrenda en el Altar Mayor de la Catedral, allá por agosto del año pasado; los sentía, orgullosos de su labor, en derredor mía, en mi interior… No estaba en el mejor de mis  momentos “jacobeos”, tengo que reconocerlo, pues numerosas piedras en el camino me habían hecho tomar ya entonces la decisión de no continuar en el cargo de secretario después de tantos años. Los sentimientos enfrentados se atemperaron en ese momento tan significativo para nuestra Asociación y dio lugar a una meditación sobre o vivido y lo por vivir que nos llenó a todos.

Consolidación de una Camino Mozárabe a Santiago  por la Vía de la Plata, contra muchas dificultades, mantenerlo, cuidarlo…luchar por él; labor de difusión del espíritu jacobeo en nuestra ciudad “…et orbe”, tradiciones santiaguistas propias que se han consolidado, recreado y mantenido…en el “haber” tenemos la satisfacción de todo eso y mucho más que tuvo como culmen el Premio Elías Valiña en el 2009.

En el “debe” la lucha desigual por recuperar tramos usurpados, la falta de imbricación en la vida socio-cultural de la ciudad para una entidad con un cuarto de siglo, la falta de interlocución con la Archidiócesis…

Mucho queda por hacer, pero muy buena base la que traemos para lograrlo, siempre que no perdamos el norte de que Camino y peregrinos sigan siendo nuestro único “lei motiv”, por encima de cualquier otro interés, siempre abiertas nuestras puertas a la ciudad, y a los jóvenes en especial, y sin perder la esencia de que somos una asociación jacobea por encima de todo. Santiago nos ayude.

 

Hacia S. Andrés de Teixido: Camino del Mar

Se acerca el mes en el que las tinieblas vencen a la luz diurna, del ocaso otoñal que nos recuerda la nostalgia de los que se fueron, y de lo que se fue; del fin de las cosechas, del céltico Samhain banalizado por el consumista halloween…es tiempo de que el peregrino retorne sobre sus pasos al calor del hogar, y los caminos se despejen a la espera de la añorada primavera. Sin embargo, hay un Camino, uno de esos olvidados,  que  en este tiempo acentúa aún más su aura mistérica; camino antiguo, camino del mar, que sirvió en ambos sentidos para llevar peregrinos por las costas norteñas de la Península a Santiago, y para guiarlos hacia un destino tan presentido en el imaginario colectivo, especialmente el gallego, como real y auténtico…

Allá por la Sierra da Capelada, donde pastan los caballos libres, cuentan que las ánimas buscaban puerto para el Más Allá…en Teixido. Es la peregrinación a S. Andrés, una de las más ancestrales de Galicia; ignorada por los foráneos, en Galicia sin embargo goza de gran predicamento…que mejor ir de vivo a conocerlo.

Como uno es precavido, nos adentramos a la aventura en Octubre (que aun el día gana la partida a la noche…), tras muchas investigaciones y la inestimable ayuda del historiador Andrés Pena y del Club de Montaña de El Ferrol. El largo viaje hacia el norte nos llevó a uno de los muchos puntos de partida que todo camino tiene, pero único por tanta belleza, historia y leyendas que lo colmatan: la península de Sª Comba. Aislada con los temporales y mareas altas, la pequeña ermita encierra los conciliábulos y tradiciones de las esencias gallegas. La paz de la caída de la tarde y el batir de olas en su promontorio rocoso tenían algo hipnótico, como si en el aire se palpara el poso de los siglos.

Ligeramente ascendente desde la costa, el Camino caracoleaba entre pequeños  asentamientos urbanos y bosques de repoblación en su mayoría, fruto de un medio domado por el hombre, hasta llegar a la fabril ciudad de El Ferrol. Con la noche llegaron las nubes que anunciaban temporal, pero al amanecer el sol rompió en el horizonte con fuerza. Hasta llegar a S. Martiño de Xubia el transitar por la ciudad parecía más bien un intento de fuga de ese exceso de civilización que son las ciudades industriales, pero a la vista del monasterio y del primer cruceiro la visión del camino se fue “humanizando”. Por fin el primer pez de S. Andrés marca la sirga.

Desde aquí parte también el hermano, y bastante ignorado por las masas ávidas de “compostelas”, Camino Ingles. Durante unos cientos de metros ambos trazados comparten recorrido, hasta que la brújula los obliga a tomar direcciones divergentes. El Molino de mareas de Aceas, como un gigante varado, marca la frontera entre el mar y la montaña, dando paso a tupidos bosques de helechos y eucaliptos que engullen al caminante y, en ocasiones, hasta la luz del sol. Tengo que recordar forzosamente aquí el trabajo denodado de los montañeros de Ferrol por mantener abiertos y señalizados los caminos naturales hacia Teixido…sin ellos habríamos vagado por arcenes de carretera más de lo debido.

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La mañana avanza y el bosque se cierra con helechales que superan la altura de un hombre, caminando por trincheras de tierra, cuajadas de setas de todo tipo y arbustos coloridos que veíamos por primera vez. Llegando a Aldea Nova los horizontes se despejan y la senda comienza a ascender lenta pero inexorablemente hacia los espesos montes. Las castañas decoran los senderos dando la sensación de que se van a poner a caminar con nosotros de un momento a otro. Los “andresiños”, y algún solitario cruceiro, nos refieren que avanzamos por el Camino correcto cuando este comienza a descender hasta As Forcadas. Los km se acumulan y ya la tarde comienza a languidecer cuando, entre los árboles, se vislumbra la Capela da Fame: la vetusta puerta de madera antigua deja ver por hendiduras y cerraduras los “maios” recientes que alejan a los malos espíritus que, según las consejas de viejas a la luz de la hoguera, habitan estos lares desde tiempo inmemorial.

Y ya fronteriza la noche (que no es seguro andar por estos caminos con ella acechando y a saber que horrores nocturnos de la mitología galaica…) arribamos a O Porto do Cabo: las crónicas cuentan que en esta aldea confluían todos los caminos hacia Teixido para hacerse uno solo. La Casa do Morcego, hogar más que alojamiento por el trato de Antonia y José, nos cobija y da calor ante negros nubarrones que cierran el cielo.

En la noche caen torrentes y la meteorología aconseja quedarse en cama calentito, pero hay que seguir.  Cruzando de mañana el medieval puente que salva el rio, comienza una lluvia fina que se convertirá en tempestad mientras subimos la dura Cuesta de Aro. Llegando a la cima, el día se serena dejándonos trastocados, como un boxeador tras la pelea; algún perro, medio lobo, se nos cruza con la misma cara de asombro que nosotros, sorprendido por la fuerza de la Naturaleza. El sol, tímido al principio, saldrá lo suficiente entre las nubes paraqué el resto del Camino sea brillante entre los helechales mojados y los bosquetes resplandecientes.

Vamos avanzando por la Serra da Capelada, siempre ascendiendo, mientras muros de verde cerrado nos doblan la altura y ocultan el horizonte; el sol acompaña y las innumerables y diferentes setas, arbustos de todo tipo entre los gigantescos y cerrados eucaliptos, dan un aire de bosque de hadas.

Escarabajos de colores brillantes que parecen gemas, casi irreales, nos recuerdan las almas que van penando hacia el Santuario, y, al dejar al Oeste Cedeira, el aire del mar cercano que parece oscurecer los bosques dándoles un verde casi negro, nos anuncia la cercanía del lugar.

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La coqueta ermita de S. Roque de Reboredo nos ofrece su prado romero donde descansar un poco. Una manada de cerdos salvajes, cruzados con jabalíes de la zona, hace retumbar el aire mientras corren por las laderas de los últimos montes cuando, entre la espesura, comienzan a surgir ancestrales milladoiros de miles de piedras, testigos de un culto antiguo que se enreda entre lo pagano y lo cristiano. Ponemos la nuestra cumpliendo con el cometido de acortar el Camino a algún difunto que no vino en vida cuando asoman los rompientes de los acantilados: manadas de caballos salvajes campan a sus anchas por ellos, y nos atrevemos al vértigo de  una bajada hasta la minúscula, en la lejanía de una costa indómita, aldea de S. Andrés.

La satisfacción es enorme, y el descenso se disfruta por una alfombra natural de hierba y musgo, jalonado de cruceros y señales del Camino. La tarde declina cuando entramos en la pequeña Iglesia de aires marineros: S. Andrés, con decenas de exvotos a sus pies, ofrece una imagen de otro tiempo…a él nos encomendamos y agradecemos otra peregrinación cumplida. Las calles populosas del fin de semana, pronto se despoblarán, pues una ancestral tradición aconseja no pasar la noche allí, para no ser confundido con las almas viajeras.

Conseguidos los “sanadresiños” y  la “herba de namorar”, el bueno de José nos recoge para regresar a dormir a O Porto do Cabo. Ya allí, con la noche empezando a caer, paseando por la derruida y abandonada Casa Bastona, hospedería de peregrinos del siglo XV, reflexionamos sobre la riqueza de nuestra tierra en cultura, historia, y buena gente, y el desinterés que, las más de las veces, las arrincona, como estos muros que cobijo dieron a tanto peregrino.

No lo olvidéis, una pena os atenazará al cruzar la Estigia del final de los días si no vais allí ahora que podéis…y, miedos a parte, una experiencia maravillosa de vida y de peregrinaje nos espera en ese otro fin de la tierra…mejor de vivos, y que nos quiten lo bailao. Buen Camino.

(Publicado en el Nº 174 de la Revista Peregrino de Diciembre de 2017)

Sólo quiero caminar…

No corren buenos tiempos para el Camino de Santiago, no nos engañemos. Los que llevamos algunos años en esto, y le tenemos cierto aprecio y sentimos su espíritu aunque no sepamos aun, como el amor verdadero, comprenderlo, sabemos que las cifras que tanto gustan a las Administraciones Públicas y cabeceras de las noticias no son sinónimo de peregrinos predispuestos a la magia de la senda jacobea, a aprenden y sentir, a disfrutarlo como un buen café en invierno…sorbo a sorbo y sin prisas.

El turismo gana la partida sobre la cultura y la espiritualidad, poco a poco, con la connivencia o pasividad de muchos que presumen de defenderlo…hay que conseguir que cada año las cifras vayan a más…es lo único que responde al sentido del “éxito” de nuestra sociedad de consumo palomitero, de mercaderes en el templo.

Llegaba un familiar este fin de semana a Compostela, al que había “preparado” transmitiéndole los pocos o muchos conocimientos jacobeos, mi sentir por el Camino, y le llamaba la atención las colas para abrazar al Santo, y la soledad de la cripta…muy sintomático todo. Se “inventan” (literalmente) nuevos caminos para satisfacer el hambre atávico de desarrollo económico de esta tierra nuestra, y se ignoran o ponen zancadillas a quienes luchan por recuperar lo perdido, y no digamos por mantener lo que hay, cada día más “desgastado”.

Soplan vientos turbios que nublan el horizonte de los peregrinos…porque sigue habiéndolos a pesar de todo, en las sirgas más recónditas y en medio de las mareas de turistas…los reconoces por la mirada limpia, el respeto y generosidad, la calma y la expectación ante lo que ve y siente…son quizás los últimos apaches viendo llegar el ferrocarril, pero guerreros al fin y al cabo, que se resistirán con uñas y dientes. Y su ejemplo perdurará mientras Santiago quiera y hará resurgir, como el grano de esa paja impostada por vendedores de humo que hoy se enseñorean, el Camino siempre. Porque lo que se nace por moda tiene siempre los días contados, pasa como el viento, pero la peregrinación tiene mil doscientos años…no creo que sea por moda.

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Camino de la Frontera: realidad jacobea

Ha costado años de trabajo…y aun quedan: documentación histórica, investigación, trabajo de campo, exploración…pero el Camino Jacobeo de la Frontera es una realidad que, antes de que acabe el año, unirá las poblaciones del suroeste de Sevilla (e incluso de Cádiz), con el Camino Mozárabe de Santiago-Vía de la Plata, y llegará a Compostela.

Implicar y aunar voluntades no ha sido fácil, tanto de las instituciones públicas como de las asociaciones involucradas, pero la respuesta de los habitantes de Sierra Norte de Sevilla y, poco a poco, también de la Sierra Sur han puesto la simiente del entusiasmo y el apoyo básico que debe sustentar todo proyecto.

Se demuestra, una vez más, que en este mundillo jacobeo, como en todo ámbito social, el trabajo en una misma dirección por un proyecto común vence cualquier impedimento y es lo que esperan los peregrinos, los habitantes de los pueblos por donde pasa…unión y trabajo, factores obvios en todo éxito que se olvidan y relegan con demasiada facilidad.

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Camino y Universidad

El principal factor de mantenimiento de todo lo que merece ser Patrimonio de la Humanidad, lo que realmente da sentido a nuestro paso por este mundo, es la capacidad de transmitir ese valor de apreciar lo bello, lo sabio, lo que aporta valores…a las generaciones futuras. Hoy día es el principal escollo con el que se encuentran tantas iniciativas culturales, sociales o medioambientales (ya se sabe, esos sectores que no se sustancian en un enriquecimiento rápido y pecuniario…) en la sociedad actual.

El Camino de Santiago, el mundo jacobeo en general, para quien lo conoce, va más allá de la simple experiencia deportiva, cultural o religiosa: es una experiencia vital, una escuela de aprendizaje, comprensión y puesta en valor de principios fundamentales para el ser humano.

Pronto hará un año de una de las más importantes iniciativas en este sentido, como fueron las I Jornadas jacobeas Universitarias en Andalucía, acometidas por la Asociación Jacobea de Jaén. Derroche de trabajo, iniciativa, buen hacer y cariño, como todo lo que los amigos de Jaén emprenden: ponencias sobre historia y cultura jacobea andaluza, gastronomía mozárabe, sesiones literarias, y recorrer el Camino Mozárabe de nuestra tierra, haciendo que los universitarios bajaran de las Bibliotecas a las sirgas camineras…no se puede condensar ni equilibrar mejor tanto en tan pocos días. Implicar a la Universidad de Jaén costo trabajo…propagarlo al resto de Universidades andaluza (pues ese es el proyecto a medio-largo plazo) es una cuestión de sensibilidad y apertura de miras por parte del máximo estamento educativo de cada una de nuestras provincias…a la espera de ello estamos.

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Luna de verano

Ya paso tiempo, pero curiosamente la de estas noches me ha traido su recuerdo. Málaga, varada al borde del Mare Nostrum, nos ofreció a los peregrinos andaluces, hace ya casi un año, una luna  sin igual que compensó calores y demás en un paseo por sus calles nocturnas.

Bullicio del estío que rebosaba sus calles, muros jacobeos en su Iglesia de Santiago, y al final, la Alcazaba, colgada del collado como una imagen de otros tiempos, desconocida para muchos, último bastión costero nazarí antes de la caida de la Fortaleza Roja. Sus muros retienen historias e Historia, y la luz de sus patios y fuentes derraman sabiduría de otros tiempos.

De mañana, los esteros y arenales nos esperaban en abrazo fraternal con los compañeros venidos de media España. La luna fue testigo…como estas noches.

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Santiago politicamente incorrecto

Pues si…suena fatal ¿verdad? Pues mañana es la festividad más “políticamente incorrecta” de nuestro Apostol Santiago: el Dia de la Aparición o de la Batalla de Clavijo. Los abusos nobiliarios  que del famoso “voto de Santiago” se hicieron casi desde su inicio, y que remató la dictadura franquista, unido al buenismo de nuestros tiempos que trata de “suavizar” (y tapar…a veces incluso con flores…mientras el telediario nos ofrece los bombardeos en Siria) cualquier visicitud histórica de índole bélica entre culturas contrapuestas muchas veces en el devenir de la historia, hacen que mañana sea una festividad relegada a ambitos poco “populares”.

El Santiago peregrino y el Santiago Caballero, o Matamoros, son dos representaciones complementarias  de una misma devoción, y demostración de que la figura del santo tuvo su asiento en todo el devenir histórico de este pais, adaptándose a las necesidades de cada tiempo. Lo escribí hace tiempo para la revista “Peregrino”; el Santiago guerrero que mañana se recuerda, fue fruto de la necesidad de una época de aunar esfuerzos en torno al casi único simbolo que podía unificar voluntades en una peninsula ibérica fragmentada (como siempre) en reinos e intereses. Fuera de eso contexto, como gustan de interpretar sectores pseudo-modernos de la sociedad, la figura es denostada hoy día, como si tuvieramos que avergonzarnos de una historia que llevó a este pais hacia unos valores y libertades que forjaron Europa…esos mismos que hoy cuestionan los organismos dirigentes europeos con sus políticas.

En Andalucía, afortunadamente, por su historia de frontera, asimilimos más esa imagen de Santiago a caballo, dando lugar a nuestro especial y particular acervo devocionario jacobeo que alcanza puntos álgidos en localidades como Aznalcazar, con sus fiestas de Santiago declaradas de interés turístico que mueven a todo un pueblo. La historia hay que asimilarla, aprender de ella y comprenderla, sacando siempre lo que de positivo nos deja. Mañana será un dia festivo para los peregrinos que saben que el Santo siempre esta presente donde se le necesita: a pie o a caballo.

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